Para trabajar aquí tendrás que implantarte un chip bajo la piel

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El mundo conectado es, a la vez, el sueño y la pesadilla de muchos. Las interconexión de todas las cosas puede permitir tener al alcance de la mano una enorme diversidad de información y opciones de control pero, cómo no, también implica graves problemas de seguridad. La información han creado una nueva fiebre del oro con mercenarios en busca de puertas traseras, por las que colarse en los sistemas de las empresas y robar sus datos. Su valor es, en algunos casos, como el del dorado metal, y hay gente, incluso empleados, dispuestos a jugársela por conseguir una tajada que vender al mejor postor.

Quizá por eso, hablar del implante de chips en humanos todavía levanta ampollas. ¿Qué seguridad hay de que no se podrá hackear la información contenida en el chip? ¿O de que la empresa controlará más de lo que debe? La historia de la humanidad demuestra cómo gustamos de hacer primero y preguntar después. Así que, aunque no hay respuestas claras o, al menos seguras, sobre las implicaciones de implantarse un chip bajo la piel, ya hay empresas que han tomado la decisión de adoptar esta tecnología con sus empleados.

Hablamos en este caso de dos compañías suecas. Por un lado está Biohax, empresa fabricante del chip y, por otro, Epicenter, que comenzó en 2015 a introducirlo en su plantilla. La implantación no es obligatoria, pero de alguna manera se celebra especialmente la decisión de hacerlo con una especie de fiesta de bienvenida, en la que hay un momento en el que hace su aparición la jeringa cargada con el chip, del tamaño de un grano de arroz, para ser inyectado bajo la piel, entre el pulgar y el índice. No es obligatorio, pero cada mes estos eventos especiales recuerdan las ceremonias de iniciación, en las que los que aceptan entran a formar parte del futuro y, de alguna forma, ejercen de presión silenciosa hacia los que aún no lo tienen.

Según el Cofundador y CEO de Epicenter, Patrick Mesterton, lo más interesante del chip es la comodidad, ya que sólo con ese pequeño dispositivo se sustituyen cosas como las llaves, las tarjetas de crédito o las tarjetas de acceso con las que las compañías controlan la entrada y salida de los empleados, así como los permisos para acceder a determinadas áreas del edificio, hacer compras o para usar recursos como la fotocopiadora. De los 2.000 trabajadores con los que cuentan las empresas de Epicenter, ya hay unos 150 trabajadores que han consentido ponerse el chip

La tecnología de los chips no es distinta de la que se ha usado en los últimos años para hacer seguimiento de las entregas de producto mediante NFC, sólo que ahora se ha creado un minireceptáculo biológicamente seguro para el ser humano. El funcionamiento es el mismo. Se trata de aproximar el chip al lector para que la información pueda leerse. El chip NFC es pasivo, lo que quiere decir que contiene información que puede ser leída por un dispositivo lector, pero no puede leer o mostrar la información por sí mismo. ¿Podría un lector “pirata” hacerse con la información o alterarla de alguna manera? No sabemos, pero de lo que estamos seguros es de que el usuario del chip no podrá olvidárselo en ninguna parte.

Epicenter no es la única empresa que lo está haciendo. De momento son casos aislados, pero quizá en un tiempo, cuando estos adelantados testeen las ventajas y los inconvenientes, se abandonará la idea o cundirá el ejemplo. Si el uso del chip se extiende, con el tiempo no será raro que en la entrevista de trabajo te digan que para que te contraten ahí tienes que ponértelo.

Para Ben Libberton, microbiólogo del Instituto Karolinska de Estocolmo, la precaución debería ser todavía mucha, tanto por el riesgo de que los hackers se hagan fácilmente con la información de los chips como por los conflictos éticos que acompañarán el desarrollo de esta tecnología. Básicamente, los chips podrían estar recogiendo datos que implican no sólo la salud, sino también su intimidad como información sobre el paradero, cuántas veces pasa por delante de determinado producto en el supermercado, el tiempo que está frente al televisor o el ordenador, cuántas veces se levanta para ir al baño, o qué productos ha comprado. Son datos, infinidad de ellos sobre nuestros hábitos de vida y preferencias que pueden acabar no se sabe dónde y en manos de quién.

Fuente: Phys.org

Imagen de portada: Biohax

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