La transformación del creyente y su nueva vida en Cristo

0
375

La Biblia nos relata como Dios nos quitó la inmundicia del pecado desde el momento que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro único salvador de nuestra alma, y a partir de ello nuestra vida va ir cambiando para bien en adelante, todo ello con la ayuda del Espíritu Santo de Dios y por el conocimiento de la verdad a través de las escrituras y el ir aplicando a nuestro vivir el poder de la palabra de Dios a nuestras vidas y seremos día a día transformados a la imagen de Jesucristo.

Ezequiel 36.25-27 “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias;…

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”

Cuando vemos el proceso de cambio o la metamorfosis de la oruga. Un insecto viscoso y erizado que se desaparece para convertirse en crisálida, y al poco tiempo surge una delicada y hermosa mariposa. Es algo maravilloso.

Nuestra transformación en el momento de la salvación es igualmente radical y milagrosa. De un corazón destinado a la muerte, pecaminoso y depravado, Dios saca una criatura nueva que ha sido perdonada, hecha justa y creada para tener el Espíritu de Dios dentro de sí (2 Co 5.21; Jn 14.17).

¿Se ha preguntado alguna vez por qué seguimos luchando con el pecado después de poner la fe en Cristo como Salvador? ¿No deberían haber desaparecido todos los hábitos e inclinaciones de nuestro viejo corazón? La respuesta es que el término “nueva criatura” se refiere a nuestra posición en Cristo. Es cierto que los creyentes son perdonados y que están eternamente seguros como hijos del Padre celestial, pero seguimos viviendo en cuerpos carnales, y mientras estemos en la tierra habrá una batalla entre el espíritu y la carne.

Dios nos transforma a lo largo de nuestra vida para que nos parezcamos cada vez más a Cristo. Su Espíritu nos ayuda a combatir el pecado, y nos enseña cómo vivir. Este proceso, llamado santificación, es una peregrinación que durará hasta que seamos llamados a nuestro hogar celestial, es decir hasta que muramos físicamente.

Mientras que la salvación es un hecho que sucede una sola vez, la santificación es un proceso de toda la vida. Y aunque el Señor ve a los creyentes como justos, todavía tenemos la capacidad de pecar.

Felizmente, el Espíritu de Dios nos guía y nos da poder para ser más como Cristo, y si nos sometemos a Él, nuestra conducta y pensamientos cambiarán.

No debemos desanimarnos si todavía nuestro cambio no es tan repentino como de algunos, que lo es de la noche a la mañana. Pero tenga por seguro que mientras siga escuchando palabra de Dios, tarde o temprano verá grandes cambios porque Dios trata de formas diferentes a cada uno.

Devocional original de Ministerios En Contacto

Deja un comentario